Es un gato, no un perro defectuoso. El autismo es una diferencia.

Siempre me gustaron los gatos y desde que conozco el autismo, pensé que las personas con autismo y los gatos tenían comportamientos muy similares.

Mi gata Lola es selectiva con los alimentos (sólo come pienso Friskies) y me resultó imposible darle pastillas o medicinas en las ocasiones necesarias, lo que me hizo aprender a pincharla en casa. A Tato, el gato de María no le gusta que se cene en el salón por lo que te garantiza un mordisco en el tobillo al atravesar el umbral de la puerta. Infinidad de anécdotas de Lío, Miteu, Fusco, Luvas y demás mininos amigos fueron comentadas y relacionadas con el TEA a lo largo de estos años.

Es fácil relacionar sus rutinas y manías, los momentos de fascinación por el movimiento (mover un cordel, ver caer el agua…) y esa compañía tan particular, que siempre está a tu lado sin tocarte, que te sigue aunque parezca que no te ve… Me recuerda la afectividad peculiar, que se hace de rogar y casi nunca es a demanda, por eso es tan gratificante, y que muchas veces sólo los de cerca saben entender mediante la observación, la comprensión y el respeto.

Reconozcatsco que me sorprendí enormemente cuando lo vi escrito por primera vez en un libro de Tonny Attwood, pero enseguida pensé que la similitud era tan evidente que no podía haber sido la única en pensarlo y empecé mi búsqueda. Así encontré este libro y como siempre, el blog de Investigación Aspie, no me decepcionó y Tamara, su autora tenía también un post: Los gatos también tienen Síndrome de Asperger. La imagen que ilustra la entrada está protagonizada por mi gata Lola y el texto inspirado por esta página de camisetas.

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